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Cómo deben usar la IA los bufetes (según el ICAM)

La reciente Guía de Buenas Prácticas del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) sobre inteligencia artificial ha generado bastante interés.

Sin embargo, hay una cuestión clave que conviene aclarar desde el principio:

La guía no es una norma obligatoria, pero sí define con bastante claridad cómo se espera que los despachos utilicen la IA.

Por eso, más que leerla como un documento técnico, es más útil entender qué implica realmente en la práctica.

A continuación, se resumen sus principales recomendaciones de forma clara y aplicable.

La IA no sustituye al abogado

Este es el punto de partida de toda la guía.

La inteligencia artificial puede ayudar a:

  • Redactar borradores
  • Analizar documentos
  • Resumir información

Pero no sustituye el criterio jurídico.

La responsabilidad sigue siendo siempre del profesional.

Todo resultado de la IA debe revisarse

El ICAM insiste en la supervisión humana constante.

En la práctica, esto implica:

  • No confiar directamente en el resultado generado
  • Verificar la información
  • Evitar automatizar decisiones jurídicas relevantes

Es decir, la IA puede acelerar el trabajo, pero no elimina la revisión.

Cómo deben usar la IA los bufetes (según el ICAM)

No usar IA sin un análisis previo

Uno de los mensajes más relevantes (y menos evidentes) es que no se debe implantar IA de forma impulsiva.

Antes de utilizar una herramienta, el despacho debería analizar:

  • Qué problema quiere resolver
  • Qué alternativas existen
  • Qué riesgos asume
  • Qué garantías ofrece el proveedor

Esto cambia el enfoque: de “probar herramientas” a “tomar decisiones”.

Protección de datos y secreto profesional

Este es uno de los puntos más sensibles.

El uso de IA no puede comprometer la confidencialidad.

Por ello, la guía recomienda:

  • No introducir datos sensibles sin garantías claras
  • Revisar condiciones de uso
  • Asegurar el cumplimiento del RGPD

En la práctica, esto obliga a entender bien qué herramienta se está utilizando y cómo trata la información.

Transparencia con el cliente

El ICAM introduce un criterio relevante: el uso de IA debe ser transparente.

En determinados casos:

  • Puede ser necesario informar al cliente
  • Incluso recabar su consentimiento

Especialmente cuando hay datos personales o impacto en la estrategia del asunto.

Documentar el uso de la IA

Un aspecto poco habitual en muchos despachos.

La guía recomienda poder justificar:

  • Qué herramienta se ha utilizado
  • Para qué finalidad
  • Cómo se ha supervisado

Esto introduce un concepto clave: trazabilidad.

Formación del equipo

No basta con usar herramientas.

El ICAM insiste en que los profesionales deben:

  • Entender cómo funciona la IA
  • Conocer sus limitaciones
  • Identificar sus riesgos

Sin este conocimiento, el uso puede ser incorrecto aunque la herramienta sea adecuada.

Gestión de riesgos y cumplimiento

El uso de IA no es solo una cuestión tecnológica.

Debe integrarse dentro de un marco de control que incluya:

  • Evaluaciones de riesgo
  • Revisiones periódicas
  • Adaptación a normativa (AI Act, RGPD, etc.)

Esto sitúa la IA dentro de la gestión del despacho, no como algo aislado.

Conclusión

La guía del ICAM no impone obligaciones nuevas, pero sí establece un estándar claro de actuación.

Su aportación principal no es decir qué herramientas usar, sino cómo deben utilizarse.

Y el mensaje de fondo es muy relevante:

La ventaja no está en usar inteligencia artificial, sino en integrarla de forma correcta en el trabajo profesional.

Ahí es donde realmente se marca la diferencia entre despachos.

Tech fee

Tech fee: ¿valor real o subida encubierta de precios?

Cada vez más proveedores de servicios profesionales incorporan en sus presupuestos un tech fee: un recargo destinado a cubrir inversiones en software, automatización, inteligencia artificial, ciberseguridad o nuevas infraestructuras digitales. La justificación habitual es sencilla: la tecnología mejora el servicio y, por tanto, debe financiarse de forma explícita.

Sin embargo, para la empresa cliente la cuestión relevante no es si la tecnología es útil —porque en la mayoría de los casos lo es—, sino si ese suplemento adicional está económicamente justificado y si el reparto del valor generado es equilibrado.

Aceptar o rechazar un tech fee no debería ser una reacción intuitiva, sino el resultado de un análisis estructurado.

¿Coste estructural del proveedor o verdadero valor diferencial?

La primera distinción es esencial.

Hay tecnologías que constituyen hoy el estándar mínimo para competir en el mercado: herramientas básicas de gestión, almacenamiento seguro de información, comunicaciones digitales, acceso a bases de datos o sistemas de cumplimiento normativo. Estas inversiones forman parte del coste estructural del proveedor. En consecuencia, deberían estar integradas en su política general de precios.

Distinto es el caso en que la tecnología aporta una mejora concreta y específica para el cliente: por ejemplo, acceso a un portal personalizado, trazabilidad en tiempo real de los asuntos, análisis predictivo, reducción demostrable de tiempos o herramientas de reporte avanzadas.

No toda inversión interna legitima un suplemento externo.

¿Existe beneficio real, actual y medible?

El núcleo del análisis debe centrarse en el valor recibido.

Conviene evaluar si la tecnología:

  • Reduce plazos de entrega o tiempos de respuesta.
  • Disminuye riesgos, errores o contingencias.
  • Aumenta la calidad técnica de forma verificable.
  • Mejora la información disponible para la toma de decisiones.
  • Reduce costes internos de la propia empresa cliente.

Si el beneficio es meramente organizativo para el proveedor, o si el retorno se producirá dentro de uno o dos años como consecuencia de un proceso interno de transformación, el argumento para trasladar el coste al cliente pierde fuerza.

En términos económicos, el suplemento es defendible cuando existe una transferencia inmediata de valor, no cuando el cliente financia un plan estratégico cuya rentabilidad principal recae en el proveedor.

Tech fee

El riesgo de la doble captura de margen

Existe además un elemento que conviene analizar con serenidad.

Si la tecnología aumenta la productividad del proveedor y reduce sus costes, su margen mejora automáticamente si mantiene sus precios actuales.

Añadir además un tech fee puede generar una doble captura de valor:

  1. Ahorro interno derivado de mayor eficiencia.
  2. Incremento externo derivado del recargo adicional.

La empresa cliente no tiene por qué asumir que esa doble captura sea razonable.

No se trata necesariamente de exigir una bajada automática de precios, pero sí de garantizar que el reparto del valor generado por la tecnología no sea asimétrico.

Qué contrapartidas debería negociar la empresa cliente

Aceptar un suplemento sin negociación rara vez es una práctica adecuada de gestión.

Si el tech fee se considera razonable, deberían vincularse contrapartidas claras y medibles, tales como:

  • Compromisos de nivel de servicio (SLA) más exigentes.
  • Plazos de respuesta garantizados contractualmente.
  • Indicadores de calidad definidos y revisables.
  • Acceso a herramientas digitales específicas para el cliente.
  • Informes periódicos de rendimiento o métricas de mejora.
  • Revisión anual del suplemento.
  • Carácter temporal del recargo hasta la amortización de la inversión.

Transparencia y sostenibilidad de la relación a largo plazo

Más allá del importe concreto, el debate sobre el tech fee afecta a la confianza.

Un proveedor que explica con claridad:

  • Qué inversión ha realizado.
  • Qué impacto concreto tiene en el servicio.
  • Cómo se medirá ese impacto.
  • Durante cuánto tiempo se aplicará el suplemento.

está fortaleciendo la relación.

Por el contrario, un concepto añadido sin justificación detallada puede percibirse como una subida encubierta de precios, con el consiguiente deterioro de la relación comercial.

Conclusión

El tech fee no es automáticamente ilegítimo, pero tampoco es automáticamente razonable.

La empresa cliente debe evaluarlo como cualquier decisión económica relevante: analizando el valor recibido, el equilibrio de márgenes, las alternativas disponibles y las condiciones negociadas.

La tecnología es necesaria en cualquier sector moderno. La cuestión clave no es si debe invertirse en ella, sino cómo se reparte el valor que genera y quién asume su coste en cada fase del proceso.

Albania nombra a una ministra creada con Inteligencia Artificial

Albania acaba de escribir una página inédita: nombró a Diella, una inteligencia artificial, como ministra virtual encargada de las contrataciones públicas. No es ciencia ficción, sino política real. 

Albania nombra a una ministra creada con Inteligencia Artificial

¿Quién es Diella?

  • Diella comenzó su vida pública como asistente virtual en la plataforma estatal e-Albania, donde atendía peticiones ciudadanas, emitía documentos digitales, ofrecía servicios administrativos. 
  • En septiembre de 2025 fue oficialmente nombrada “Ministra de Adquisiciones Públicas” por el primer ministro Edi Rama. 
  • A diferencia de una ministra humana, Diella no tiene ciudadanía, ni ambiciones personales. Su “discursos” se transmiten mediante pantalla, su avatar viste traje tradicional albanés, y sustituye funciones administrativas, no políticas. 

¿Por qué lo hizo el gobierno de Albania?

  • Luchar contra la corrupción en las licitaciones públicas, un problema persistente allí. 
  • Mejorar la transparencia, rapidez y eficiencia en los procesos administrativos. 
  • Demostrar innovación tecnológica como parte de la estrategia nacional hacia convertirse en miembro de la Unión Europea para el año 2030. 

Críticas y dilemas inevitables

No todo es entusiasmo. Este experimento genera preguntas urgentes:

  • Constitucionalidad: la oposición afirma que una IA como Diella no está reconocida en la Constitución, pues no posee derechos ni responsabilidades de persona. 
  • Supervisión humana: ¿quién supervisa a Diella? ¿cómo se evitan manipulaciones, sesgos o malas prácticas ocultas bajo la tecnología? 
  • Expectativas vs realidad: si bien se promete “licitaciones 100 % libres de corrupción”, algunos dudan de que solo la IA pueda eliminar dinámicas humanas de poder, favoritismos o intereses políticos. 

Lo que podemos aprender

Aunque Albania está haciendo algo muy particular, el caso de Diella ofrece lecciones útiles para cualquier país, empresa o institución que piense en incorporar IA en tareas críticas:

  1. Diseño consciente: definir los límites del rol de la IA, qué decide la máquina, qué sigue siendo responsabilidad humana.
  2. Transparencia total: publicar algoritmos, criterios de decisión, métricas de desempeño. Si la IA evalúa licitaciones, el proceso debe ser claro.
  3. Supervisión y garantía legal: normas y estructuras de responsabilidad que aseguren que la IA no se convierta en adorno ni máscara.
  4. Aceptación ciudadana: no basta con que el gobierno lo apoye; necesitan explicarlo bien, demostrar utilidad, mitigar miedos.

Diella no sustituye humanos, pero sí redefine cómo interactúan la política, la tecnología y la ciudadanía

¿Estarías cómodo con que una IA decida sobre concursos públicos, autorizaciones o licitaciones en tu país o empresa?

¿Dónde ves el límite entre asistente tecnológico y decisor (autónomo) en estos casos?


Te invitamos a contactar con CASTRO-NARANJO INFANTE. Nuestro equipo de expertos está preparado para brindarte la asistencia necesaria y resolver cualquier duda que puedas tener. Puedes comunicarte con nosotros a través de nuestro formulario de contacto o llamando al 954869082.

¿Son buenos políticos los empresarios?

Frecuentemente, la sociedad deposita su confianza en empresarios exitosos para asumir cargos políticos, bajo la creencia de que sus habilidades empresariales asegurarán buenos resultados en la gestión pública. Pero, ¿es realmente así? La realidad sugiere que esta premisa merece un análisis más profundo.

Ventajas del empresario en la gestión pública:

  • Enfoque pragmático: Los empresarios suelen tomar decisiones rápidas y orientadas hacia resultados concretos, como lo demostró Michael Bloomberg en la alcaldía de Nueva York, destacando en áreas como la seguridad y la salud pública.
  • Eficiencia económica: Gracias a su experiencia en el manejo financiero, como Sebastián Piñera en Chile, logran optimizar presupuestos y mejorar el uso de recursos públicos, potenciando la eficiencia administrativa.
  • Innovación constante: La dinámica del mercado exige innovación constante, una característica notable en Bloomberg con sus políticas urbanísticas innovadoras.
  • Redes amplias y estratégicas: Empresarios como Donald Trump han utilizado sus contactos internacionales para acuerdos comerciales, aunque con resultados polémicos.
  • Mentalidad orientada a objetivos claros: Mitt Romney, como gobernador de Massachusetts, ejemplifica esta cualidad con objetivos claros en la reforma administrativa.
¿Son buenos políticos los empresarios?

Limitaciones del empresario en la gestión pública:

  • Consenso político: La administración pública exige consenso y negociación constante, algo que Trump enfrentó con dificultad debido a su estilo autoritario.
  • Sensibilidad social: Berlusconi en Italia mostró claramente los riesgos cuando el enfoque económico descuida la equidad social.
  • Rendición pública de cuentas: Empresarios como Ruiz Mateos en España sufrieron al adaptarse a los altos niveles de transparencia y control público.
  • Conflictos de interés potenciales: Las constantes acusaciones contra Trump y Berlusconi evidencian este frecuente inconveniente.
  • Adaptación al marco institucional: Elon Musk enfrentó importantes dificultades y frustración ante las limitaciones burocráticas durante su breve paso por funciones públicas.

La experiencia empresarial puede aportar al sector público si existe capacidad y disposición para adaptarse a las particularidades institucionales. El éxito, por tanto, depende de cómo se complementen estas competencias empresariales con las exigencias específicas del ámbito público.

¿Qué opinas? ¿Crees que un empresario exitoso está necesariamente capacitado para dirigir eficientemente lo público, o piensas que son necesarias competencias específicas adicionales para lograr buenos resultados en la gestión pública?

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